Lo bueno que tiene el rock, es que es un estilo que puede casar a la perfección con prácticamente cualquier estilo. Buena prueba de ello es el proyecto de Sophie Maras, un grupo que trata de hacerse un barco con el que adentrarse en el mar de tiburones blancos que es el negocio musical. Su apuesta es muy clara: la música no tiene fronteras. Y por ello, Sophie Maras recoge distintos tesoros musicales como soul, rythm & blues, rock, jazz, pop, country o funk; tendencias muy variopintas de las que disfrutar.
Y para deleitarse ante este gran conglomerado cultural, la gente acudió al Café Orange donde esta joven artista presentaba su primer EP. Amigos y familiares principalmente –y algún curioso ávido de novedades musicales que pescar- fueron congregándose poco a poco para disfrutar del concierto. Ciertamente, hubo un ligero retraso respecto a la hora fijada para empezar a función, pero no pareció preocuparle a nadie. Seguro que el bizcocho de zanahoria recubierto de azúcar glas que se ofreció al público ayudó a pasar con calma la espera. Bizcocho que por cierto, aparte de sano, estaba bien rico y bien distribuido por todo el local.
Con la sala casi llena, los músicos fueron ocupando sus respectivos lugares en el escenario para secundar a la cantante. Sophie quería transmitir su felicidad al público por haber acudido. Empezaron con “Don´t Give A Damn” “para dar buen rollo” como la misma artista le dijo al público, el cual pudo comprobar el buen humor que se desprendía de la unión entre melodía y voz, que con buen ritmo y dulzura nos llevó hasta un destacado solo de guitarra. Cosa que demostró que se trata de una banda donde –como la propia Sophie diría más tarde– todos los miembros son imprescindibles por ser unos “estupendos músicos” y unas “personazas”.
Tras agradecer la presencia a todos los congregados y con la atención de la sala ya captada, siguió el single “Just Be”, canción muy directa que con un estribillo muy pegadizo e intenso, caló entre el público. La gente sentía la música en su torrente sanguíneo y los cuerpos empezaron a moverse según el ritmo, como sucedió con la versión de K.T. Tunstall: “Heal Over”.
Tras un pequeño parón para presentar “In Good Company”, tema con mucho “feeling” y compuesto por Iván Díaz. La protagonista compartió con todos el buen recuerdo que le quedaría por siempre de la primera vez que tocaron juntos. Iván aplaudió y fue correspondido con unos cariñosos adjetivos que dejaban bien claro la buena relación personal que hay entre los miembros del grupo.
Siguió “un tema de amores imposibles” con “remember” incluido de la estancia en Londres donde se grabó el EP. Se trataba nada más y nada menos de la primera canción que Sophie compuso, que al igual que muchas canciones de AC/DC, no necesitó más de tres acordes para hacer algo bueno. Y así, con “Need To Let Go”, todos pudieron apreciar la portentosa voz que esta artista tiene. Y cada vez más a gusto sobre el escenario, se dispusieron a tocar otra versión. Esta vez le llevaba el turno a Alicia Keys (“How Come You Don't Call me”), otra versión ejecutada de forma muy personal donde volvió a demostrar lo que sus cuerdas vocales con capaces de hacer entonando y modulando.
Los aplausos del público se intercalaron con alguna broma que volvía a demostrar el buen clima que existe en esta banda. Algo que quedó totalmente reflejado en cada comentario de agradecimiento que Sophie dedicó a cada miembro del grupo.
Para animar un poco el ambiente, la música regresó de nuevo en forma de versión. Y tras una introducción muy flamenca, sonó “This love” de Maroon 5; un ritmo muy animado que se contagio al público que bailaba y acompañaba en el estribillo mientras Sophie hacía lo suyo con mucho desparpajo para terminar a la española al grito de “olé”.
“New Beginnig” nos recordó las viejas y animadas canciones rockeras de los años 80, con unos músicos que sonreían y disfrutaban con cada nota. Canción que por cierto, tiene un significado especial para esta joven en estos primeros compases dentro de la industria musical.
Nada más terminar, comenzaron los aplausos y pitos para el grupo, seguidos de los clásicos gritos de “¡otra, otra, otra!”. Petición concedida. Para ello, unos sombreros de vaquero montaron las cabezas de las chicas del coro y una animada versión country de “Don't Give A Damn” dio más marcha y alegría al público, que quería más. Y cayó otra versión, esta además, de las que tienen peso y que, seguramente, todos hemos cantado alguna vez en nuestra vida. Se trataba nada más y nada menos que del “Respect” de la diva Aretha Franklin. Versión que cerraba otro bis y que no hacía sino convencer más a la gente de la gran voz y presencia de Sophie sobre el escenario.
Entre más pitos y aplausos la banda se fundió en un abrazo final que tuvo que ser interrumpido para complacer a la audiencia –que quería seguir bailando- y tocar nuevamente “Just be”.
Este ha sido el principio de la carrera musical de un grupo muy versátil, con grandes cualidades como músicos, una gran voz al frente y, sobre todo, una buena sintonía que tienen entre ellos y que son capaces de transmitir a todos los que vean su actuación. ¡Que la música siga sin tener fronteras!
Texto: Eduardo Palacios
Fotos: Javier Bragado
Puedes descubrirlo en: www.myspace.com/sophiemarasmusic