Sophie Maras
Café la Palma (Madrid)
10 de septiembre de 2009
22 horas
Sophie Maras ha venido de Londres con un bagaje musical que, sin ser imponente, seguramente le sitúa muy por encima de la media nacional. Eso se nota en cómo interpreta su música, con firmeza, pero huyendo de estridencias y procurando que su protagonismo al frente de la banda que lidera sea natural, no impostado. Unas ideas equilibradas y una agradecida variedad de estilos hacen que pueda considerarse como una interesante artista en ciernes. ¿Qué le falta? Supongo que, dado que hasta el momento está alternando temas propios con versiones, repertorio, pero también, y esto es más una opinión muy tomada por los pelos, confianza en esa colección de composiciones suyas. Da la impresión que tiene más fe en las canciones de otros, que en las propias (las de su banda) para enganchar al público y ese, por llamarlo de alguna manera, complejo juega en su contra. Hay que ser más sobrado.
Pero a pesar de todo su “pop inteligente” tiene gracia y gancho y al final debiera imponer su carácter y prescindir de hits de la Turner o la Winehouse para rellenar. Porque alguno de ellos es bueno. Cómo no, las baladas.
Lo que no deja de sorprenderme es la falta de respeto de cierto público, y desde luego se nota cuando una sala está llena de gente que ni sabe, ni aprecia la música, ni tiene noción del esfuerzo que supone hacer un concierto de hora y media. Que el artista ha de saber meterse a la gente en el bolsillo es evidente y en muchas ocasiones sabemos reconocer a un monstruo escénico por los silencios que provocan. Pero hay gente con cultura musical y hay españoles, que de eso han sido desposeídos por varios años de lamentable sequía. Que Maras esté interpretando las dos mejores canciones a esta altura de actuación y a mi alrededor solo pueda escuchar griterío, móviles y sandeces hace que me lleven los demonios, y siento esta parrafada pero hay que propinar una colleja a los inconscientes de vez en cuando, con la esperanza de despertarlos.
Creo que lo que necesita Sophie es estallar. Dejar un poco de lado esa pose melosa que lleva y no tener miedo de ser vulgar, sexual o maldita. Poner su carácter por delante y que quede bien patente en cada ademán y cada nota. Ya apunta maneras, va descalza y está cantando sobre una esterilla, pero podría ser sin dificultad una Adele, o quién sabe si una Amy, o Duffy… salvando las distancias, por supuesto. Podría hacerle un homenaje a Celia Cruz y otro a Sharleen Spiteri y quedarse tan ancha. Sí señor, podría y debiera demostrar que no sólo parece inquieta, sino que lo es.
Foto: Julián Callejo
Texto: Julián Callejo